Anoche estuve conversando con mi esposo sobre nuestra generación y cómo los desaciertos dentro de nuestro grupo son tan comunes y estadísticamente respaldados. En un momento rompió el silencio y me habló sobre cómo “la segunda tanda de hermanos la pasaban mejor.” La segunda tanda… ¡eso es! La segunda tanda de hijos, los del segundo o el tercer matrimonio consituyen una importante porción de la Generación Y.
Los boomers pasaron mucho trabajo para lograr lo que tienen. Cualquier hijo X puede recitar las vicisitudes de sus padres de memoria: que si caminaron millas para ir a la escuela, que empezaron desde abajo en sus trabajos, que tuvieron que trabajar desde muy jóvenes para ayudar a su familia, etc . Ellos son hijos de la post guerra y sus padres vivieron la Gran Depresión. Los Boomers fueron los forjadores de muchas de las grandes empresas que existen hoy. De hecho, fueron los que forjaron muchas de las naciones que existen hoy. Ellos se fajaron para construir (bueno que malo) el mundo como lo conocemos.
Los Boomers creen en las virtudes del trabajo duro para lograr lo que se desea. Así, sus hijos X crecieron en cierta austeridad, obligados a trabajar por lo que quieren (por su propio bien). Algunos llaman a la generación ‘X’ la generación del divorcio. Cientos de miles de boomers se divorciaron por una plétora de razones: exceso de trabajo, comienzos de la liberación femenina, crisis de los 70’s, movimientos de paz de los 60’s, entre otros.
Luego de divorciarse, muchos contrajeron segundas y terceras nupcias y trajeron una segunda tanda de hijos al mundo. Muchas veces pasaban 10 años o más entre el nacimiento de la primera tanda de hijos y la segunda. Por esta razón, los boomers tratan a esta segunda tanda como un abuelo trata a sus nietos: no son tan duros con ellos, le aceptan comportamientos que jamás le hubiesen aceptado a un “X”, les hacen regalos costosos por los cuales el X tuvo que haber trabajado o nunca hubiese podido tener y los añoñan como jamás un X pensó posible para su padre Boomer.
En otras palabras, para cuando llegó la segunda tanda, la percepción del mundo de los Boomers había variado y su posición en el mundo también. Para cuando llega la segunda tanda, ya los Boomers han logrado ciertas metas profesionales y en el plano personal están listos para no cometer los errores del pasado que los llevaron al divorcio. En cuanto al trato con los hijos, no le exigen lo mismo que a los “X”, pero le dan mucho más. De esta forma, tenemos a hijos Generación X que nunca han tenido un carro nuevo cuyos hermanos “Y” le dieron un carro tan pronto sacaron licensia o se fueron a la universidad. O hijos X que tenían que trabajar para comprarse sus juguetes o sus cosas, mientras a los Y les compran motoras, jet skis, o aparatos de jugar videos de cientos de dólares por simplemente respirar. O hijos Y que se van de viaje con sus padres a cada rato, mientras al de la X lo llevaron una vez a Disney o de crucero. O peor, el hijo X que se está fajando criando a sus hijos sin aún tener casa propia, viviendo con la certeza de cuando su hermano Y se case, sus padres le van a aportar el pronto para la suya (si no lo han hecho ya).
Es como si con su segunda tanda de hijos, recobraran su memoria ancestral y los Boomers se dieran cuenta que por generaciones, la humanidad ha ayudado a sus hijos a ser mejor que ellos y le han dejado sus tierras.
¿Qué se puede hacer al respecto? No podemos tener una generación tan importante para nuestra humanidad deprimida por tantas injusticias familiares. Nuestra tierra está cambiando y tenemos que sanar nuestras heridas. Si no lo hacemos, se perpetúan y se hacen más profundas y hasta se heredan. Espero que al sacar estas observaciones a flote a través de estos escritos, las personas se den cuenta de lo que están haciendo, descubran porqué lo han hecho y hagan lo necesario para sanar.
Puede ser que sea la primera vez que el X y el Boomer vean esto de este punto de vista. Mientras, el X se siente inadecuado y falto de valor y el Boomer no comprende su dolor. El hacer incapie en la raíz del problema, es el primer paso para solucionarlo. ¡Qué así sea!

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